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Parásitos externos (¡e internos!)

Cuando pensamos en parásitos en gatos, casi siempre nos vienen a la cabeza los mismos nombres: pulgas, garrapatas y mosquitos. Son los parásitos externos más conocidos porque son visibles (o al menos dejan señales claras), molestan, pican y hacen que el gato se rasque o esté incómodo. Pero aquí está el punto clave: si solo te proteges de lo visible, te estás dejando fuera una parte enorme del problema. Porque además de los parásitos externos, existen los parásitos internos, y aunque no se vean, también están ahí… y también importan.

Los parásitos externos no son “solo una molestia”. Las pulgas pueden provocar un picor intenso, heridas por rascado y, en algunos gatos, una dermatitis alérgica muy marcada. Además, una infestación puede afectar al bienestar general: irritabilidad, alteración del sueño y estrés. Las garrapatas también son importantes porque, además de adherirse a la piel, pueden actuar como vectores de enfermedades. Y con los mosquitos, dependiendo de la zona y del estilo de vida, existe un riesgo añadido: no solo molestan con sus picaduras, sino que pueden participar en la transmisión de patologías que también afectan a los gatos. Por eso, cuando hablamos de prevención frente a parásitos externos, no hablamos únicamente de “que no le piquen”: hablamos de salud.

Pero lo que muchas personas pasan por alto son los parásitos internos. Los “gusanos” (y otros parásitos) pueden estar presentes sin que el cuidador lo note. A veces no hay síntomas claros, o los signos son tan sutiles que se atribuyen a otras causas: cambios digestivos intermitentes, menor vitalidad, pérdida de peso, pelo más apagado o episodios de vómito o diarrea que parecen “cosas puntuales”. Esa es la trampa de los parásitos internos: como no se ven, se subestiman.

El error más frecuente no es no hacer nada: es hacer una protección incompleta. Es decir, preocuparse por pulgas o garrapatas cuando se ven… pero olvidarse de los parásitos internos. Y en gatos, especialmente, hay que pensar en una estrategia global: parásitos externos + parásitos internos. La prevención de verdad es completa, sostenida en el tiempo y adaptada al gato: si sale o no, si convive con otros animales, en qué zona vive y qué riesgos hay alrededor.

La buena noticia es que todo esto se puede prevenir. La clave es dejar de centrarse solo en lo visible y empezar a proteger también frente a lo invisible. En este video te explico de forma clara por qué los parásitos externos (pulgas, garrapatas, mosquitos) y los parásitos internos (gusanos) deben abordarse juntos, cuáles son los errores más habituales y cómo plantear una prevención realista y bien hecha para cuidar a tu gato.